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De Gambito de dama a un jaque mate de récord

De Gambito de dama a un jaque mate de récord

Hace tres años, cuando Scott Frank (Godless) nos abordó para adaptar Gambito de reina,  el libro de 1983 de Walter Tevis sobre una joven prodigio del ajedrez, me pareció un relato apasionante. Beth es una perdedora que se enfrenta a la adicción, la pérdida y el abandono. Su éxito contra todo pronóstico refleja la importancia de la perseverancia, la familia y de encontrarse y permanecer fiel a uno mismo. 

Sin embargo, no creo que ninguno de nosotros hubiera podido predecir que Gambito de dama, y la extraordinaria Anya Taylor-Joy, se convirtieran en el fenómeno global que son ahora, nuestra miniserie guionizada más vista de nuestra historia. Desde su estreno en Netflix en octubre: 

La novela Gambito de reina figura en la lista de más vendidas de The New York Times, 37 años después de su publicación. 

Según la Federación Internacional de Ajedrez, las conversaciones sobre la serie también han aumentado de forma sustancial el interés por el campeonato del mundo de ajedrez del próximo año. 

En Netflix,  una cifra récord de 62 millones de hogares han decidido ver Gambito de dama en sus primeros 28 días. Su alcance es extraordinario: desde Rusia o Hong Kong hasta Francia, Taiwán y Australia. De hecho, la serie estuvo entre las diez mejores (Top 10) en 92 países y fue n.º 1 en 58, entre ellos Reino Unido, Argentina, Israel y Sudáfrica.

Prueba del talento de Scott como guionista y cineasta es que fuera capaz de materializar en cámara todo el drama y detallismo de tantísimas partidas de ajedrez, por lo que obtuvo excelentes críticas y una inusual puntuación del 100% en Rotten Tomatoes. Scott contó asimismo con la ayuda del brillante equipo artístico de la serie. El exquisito uso que la diseñadora de vestuario, Gabriele Binder, hizo de los estampados a cuadros en la ropa de Beth; la música cargada de suspense del compositor Carlos Rafael Rivera; el fascinante montaje de Michelle Tesoro, la montadora; las dinámicas decisiones del diseñador de producción, Uli Hanisch, que afloran a la pantalla en cada escena, y la dirección de fotografía de Steven Meizler, cuya obra transformó cada partida en un drama trepidante.

Jaque mate.