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De la pantalla al libro: historias que no terminan con los créditos

Las grandes historias no terminan cuando se llega a la última página. A veces, ahí es donde empiezan de nuevo.

Todo parte de un libro: la imaginación de quien lo escribió, y de quien lo leyó primero. Cuando guionistas, directores y equipos creativos deciden llevar esa historia a la pantalla, le aportan una mirada nueva, un enfoque distinto, a veces una época o un lugar diferente. Y entonces ocurre algo curioso: quienes ya conocían el libro lo redescubren, y quienes nunca habían oído hablar de él acaban, muchas veces, abriendo sus páginas por primera vez. Los Bridgerton, Heartstopper o El Eternauta son solo algunos ejemplos de este efecto.

En España, La chica de nieve, de Javier Castillo, y Valeria, de Elísabet Benavent, muestran hasta dónde puede llegar: nuevos idiomas, nuevas editoriales, lectores en países donde antes no habían llegado historias.

Para Javier Castillo, “Trabajar con Netflix en las adaptaciones de mis novelas es uno de los mayores logros de mi carrera literaria. Netflix y yo compartimos la ambición de llevar historias universales únicas a los hogares de todo el planeta, y sé que no podría haber encontrado un mejor aliado para convertir mi oscuro universo literario en un fenómeno global”. 

A nuestros espectadores no les basta con ver una buena historia: quieren vivirla. Y muchas veces, vivirla significa volver al libro que la hizo posible. Detrás de cada adaptación hay un equipo que cree en esa historia tanto como quien la escribió, y cuyo objetivo es que conecte con la audiencia en la pantalla, sin perder lo que la hizo especial en un principio.