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22 de octubre de 2026El 15 de octubre, Mis Muertos Tristes, la miniserie basada en cuentos de Mariana Enriquez y dirigida por el cineasta chileno Pablo Larraín, volvió al barrio donde se filmó y transcurre una parte central de su historia. Allí realizamos una proyección especial de los dos primeros episodios en Galpón Piedrabuenarte, un centro cultural que funciona como punto de encuentro y referencia para la actividad social y cultural del barrio Piedrabuena.
Vecinos y vecinas del barrio participaron del encuentro, que reunió a la comunidad con integrantes del elenco y del equipo de la serie para celebrar Mis Muertos Tristes tras su presentación en el Festival de San Sebastián y su estreno en Netflix el 24 de septiembre.
Un barrio que se convirtió en protagonista
Mis Muertos Tristes cuenta la historia de Ema, una médica retirada que atraviesa el duelo por la muerte de su madre y tiene la capacidad de ver y hablar con los muertos que la rodean. A través del terror psicológico, la serie construye un universo en el que lo cotidiano y lo sobrenatural conviven.
Encontrar el lugar indicado para esta historia fue una parte fundamental de la construcción de ese universo. El equipo buscaba una locación en Buenos Aires que conservara la esencia de la obra de Enriquez y, al mismo tiempo, transmitiera una atmósfera reconocible en otras ciudades de Latinoamérica: un lugar donde lo familiar y lo ominoso, lo real y lo onírico, pudieran convivir. Esa búsqueda los llevó a Piedrabuena.
Ubicado en el sudoeste de la ciudad de Buenos Aires, el conjunto habitacional fue construido entre las décadas de 1950 y 1980 y —con sus monoblocks, viviendas y espacios comunes— ofrecía esa geografía tan particular. Según el diseñador de producción Rodrigo Basaez, el barrio brindaba un escenario capaz de representar el encuentro entre distintas realidades sociales y llevar ese contraste hacia un terreno más simbólico.
Para Larraín, filmar allí era algo que no podía replicarse en un set construido. Las texturas, los colores y la identidad del barrio eran parte integral de lo que el equipo buscaba para la historia. Esa decisión también implicó vincularse con quienes viven allí: a lo largo del rodaje, el elenco y el equipo se integraron a la vida cotidiana del barrio y muchos vecinos participaron frente a cámara como extras durante los más de 50 días de filmación.
De esta manera, las calles, los monoblocks y los espacios reconocibles de Piedrabuena —incluido el tanque de agua, un elemento clave de la historia— pasaron a formar parte del universo visual de Mis Muertos Tristes.
Volver al lugar donde todo comenzó
La proyección fue una oportunidad para reencontrarse con quienes abrieron las puertas de su barrio al rodaje y, en muchos casos, también formaron parte de la serie.
Entre los invitados estuvieron Alejandra Flechner y Carolina Álvarez, integrantes del elenco de Mis Muertos Tristes, junto a Luciano Garramuño, director y fundador de Piedrabuenarte, y Alan Allende, gestor cultural del espacio. También participaron integrantes de las productoras detrás de la serie y muchos de los vecinos que trabajaron como extras.
El reencuentro con la comunidad también les dio a las actrices la oportunidad de recordar su experiencia filmando en Piedrabuena. “Fue una experiencia única, totalmente nueva. El barrio, la gente, que todos sean tan amables”, expresó Álvarez.
Flechner, por su parte, destacó el esfuerzo colectivo detrás de la producción y agradeció a la comunidad por haber sido parte: “Fue un trabajo enorme, con una colaboración tremenda de todas las áreas: desde las personas que trabajaron en la producción hasta los extras, actores y actrices”, señaló. “Agradezco todo lo que hace este barrio, a Luciano, al Galpón y a su arte. Para mí, son orgullo argentino”.
El encuentro también puso de relieve el vínculo que una producción audiovisual puede construir con la comunidad que la recibe: desde la participación de los vecinos y la actividad económica y social generada por la producción hasta la posibilidad de que el barrio se convierta tanto en escenario como en protagonista de una historia con alcance global.
